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miércoles, 1 de julio de 2009

El malentendido (parte a)


Simón está contento, logró convencer al grupo de argentinas.
Cambian itinerario y en Ginebra están.
El latino le promete con frecuencia,
"No hay como las argentinas".
De paseo con las chicas por su ciudad,
Simon descubre que olvidó la guía que utiliza para el tour, en su departamento.
Le propone a la mujer que camina, en ese momento a su lado, lo acompañe a buscarla.
Ella acepta y al departamento de Simon van,
mientras el resto del grupo sigue el paseo.
Una vez en su vivienda, Simon se quita los zapatos, acto reflejo integrado en casi todo europeo.
Ella no percibe la falta de educación y él la invita a ponerse cómoda, pensando en su alfombra nueva.
Cuando vuelve de su habitación, con la guía en sus manos, levanta la vista del libro justo a tiempo, para ver a la mujer que lo desvela en toples en medio de su living.
El latino le había avisado, las argentinas son más reservadas que las suizas.
Esta mujer lo desconcierta ante su avance tan directo.
Está pensando en cómo hacer para refrenar su instinto de arrojarse sobre ella,
cuando interrumpen el momento, el resto de los integrantes del grupo.
Ella se enfurece y sus ropas agarra, ya en la puerta mientras intenta los pantalones dados vuelta embocar con sus piernas le grita un monton de cosas en un español que él no entiende.
Disuelto el grupo, él permanece aún en medio de aquél living, con la guía en la mano, mientras el enojo va creciendo lentamente.
Lo único que entendió en las palabras de ella, fue: Cocotte.





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martes, 16 de junio de 2009

Evian


Imagen: Desde Evian hacia Montreaux, Agosto 2007.



Todo está listo para el fin de semana de hombres en Evian-les-Bains. Playa de día, casino de noche y algún espectáculo. Quizás vayan hasta Montreaux donde hay un local muy bueno, para tomar unos tragos y disfrutar el ambiente.
Está con sus dos amigos, Tobías y Bernardo, el argentino.
Un cd grandes éxitos de Phil Collins los acompaña.
El viento en la cara, los anteojos de sol espejados, su dos amigos con la misma cara de placentera libertad, lo transportan a una imagen interna de Miami Vice.
Cuando llegan al hotel en Evian-les-bains, van directo al bar ubicado en planta baja con arena y reposeras, improvisada playa sobre la vereda. Los separa de ocasionales transeúntes, una pasarela de vidrio de un metro de altura.
En el lugar hay buen ambiente, conectan con un grupo de chicas de tour por europa y hacen planes para la noche.
Las invitan a una fiesta en Thonon, de un DJ amigo.
Van a comer por las cercanías y en lancha llegan los seis al mejor estilo stars.
Una vez en la fiesta, Simon en compañía de una de las chicas, está escuchando música, intentando hablar, cuando detrás de la mujer ve a Nadine aparecer.
Se queda quieto, sin saber que hacer.
Nadine comienza a gritarle, un poco por el volúmen de la música y otro por el enojo de encontrarlo acompañado.
El intenta explicarse pero sabe de antemano que no hay chances de arreglo, no en ese momento.
Su novia lo mira con odio, y con un "No-te-quiero-volver-a-ver-cocotte", del lugar furiosa se va.
La mujer que está junto a él, lo interroga con la mirada, sin haber entendido muy bien que pasó.
Simon pide otro trago, se sumerge en él, dejándose llevar por el ánimo fiestero del grupo que lo acompaña.





martes, 9 de junio de 2009

Viernes




Imagen: L´Orangerie, Ginebra. Agosto 2008.






Está sentado en los jardines de L´Orangerie, disfrutando de un viernes a la tarde.
Se entretiene observando a dos hombres que practican tai-chi. El que está vestido de negro hace de sombra del de blanco. Los movimientos se van sincronizando, bailando a un ritmo privado.
De fondo, el Léman, sembrado de veleros y lanchas.
Cerca, unas mujeres sobre una manta escocesa, toman vino blanco y comen unos quesos.
Al lado de ellas, la excusa de la cita, sus perros toy juegan entre ellos.
Una madre empujando el carrito de tres ruedas, con un bebé intranquilo dentro, se detiene delante de Simon, interrumpiéndolo. El hijo mayor, de unos tres años, la adelanta en su bicicleta haciendo sonar su bocina.
A unos metros está el área de juegos para niños.
Un grupo de chicos juegan en un tobogán que tuerce su recorrido con tres vueltas. Un tono colorado tomate en sus caras acompaña los gritos que pegan al deslizarse.
En la zona de hamacas, una de las madres, queda aislada del resto, aunque su hijo ocupa la hamaca del medio.
En esta ciudad tienen la misma concentración por cuadra de tabledance, como en Nueva york de starbucks.
La mujer festeja con grititos exagerados cada comentario de su hijo. El top que lleva puesto amenaza con bajarse más de lo debido en cada envión a la hamaca proporcionado. Los zapatos con tacos de veinte centrímetros no van con el lugar ni la actividad. Cuando comienza a sentirse incómoda de la incomodidad que genera, se va con su niño hablándole de los grandes planes que tiene para el resto de la tarde que pasa con él.
Simón se levanta, las chicas lindas de la manta escosesa, siguen tomando vino con risas cool.
Encara el lago, necesita un poco de viento en la cara, un poco de Miami Vice.














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miércoles, 27 de mayo de 2009

Je suis desolé

Imagen: Ginebra, Diciembre 2008.


Son las tres de la mañana y a su casa está volviendo.
No tuvo ganas de quedarse con Nadine toda la noche, otra vez no.
Vuelve a su departamento y descubre que en algún lugar sus llaves dejó.
No le queda otra que regresar a la casa de su chica a buscarlas.
El mal humor de Ella al abrir la puerta se refleja en su cara.
“Je suis desolé” , Simon intenta excursarse sin mucho éxito.
Vuelve a su lugar y llama a un cerrajero, el chiste le quitó el sueño.
A la mañana, casi sin haber dormido, se va a la oficina.
Cuando está estacionando toca el auto de al lado.
El dueño del vehículo lo increpa.
“Je suis desolé” Simon contesta.
A media mañana su jefe le baja línea.
La presentación en la que estuvo trabajando no llena las expectativas de aquél hombre.
“ Je suis desolé” Simon responde.
En la cafetería a la hora del almuerzo vuelca, por accidente, el jugo de naranja a una mujer con la que choca.
“Je suis desolé” Simon se disculpa.
Volviendo a su casa pasa por el Supermercado.
Intenta hacerse de unas cajas de sopa y con el codo tira las latas de arvejas expuestas a lado.
El empleado del lugar lo mira desconcertado ante tal muestra de torpeza,
“Je suis desolé” explica Simon.
Descalzo y en boxer da cuenta de la cena mientras mira unos capítulos viejos de Miami Vice.
Su novia lo llama al móvil, que dónde estás?.
Simon olvidó la cita hecha con ella hace dos semanas,
“Je suis desolé” Simon proclama.
Se va a dormir sintiéndose vacío.
Estuvo todo el día dando disculpas a todo el mundo.
Tiene la sensación de haberse olvidado de sí mismo, en algún rincón.
“Je suis desolé” se dice a sí mismo, como un mantra, hasta quedarse dormido.












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viernes, 22 de mayo de 2009

Cocotte

Imagen Personal: "Desde Evian a Montraux", Agosto 2007


Simon tuvo una semana complicada.
Su novia anda demasiado centrada en sus actividades y eso lo deja un poco de lado.
En el trabajo está todo demasiado tranquilo para su necesidad diaria de adrenalina.

Sus amigos, Bernardo y Tobías, andan en sus historias y no los ve.
Cocotte se le dice a las chicas en su ciudad. Es una manera cariñosa de referirse a ellas.
Su madre, de pequeño le decía así. Cocotte.
Lo hirió profundamente, no sabe ella cuánto.
Con sus amigos del tema habló en más de una oportunidad.

Bernardo, su amigo argentino, lo empezó a llamar así también.
Cocotte, cómo estás? Le pregunta su madre al pasar.
La ira crece en él y siente que no puede respirar.
Lo único que lo calma es subirse a su lancha y perderse en el Lac Léman.
En Francia para en un café y se entretiene mirando a la gente hacer a su alrededor.
Unas chicas,desde una mesa vecina , lo miran.
Son lindas, frescas pero demasiado jóvenes para buscar problemas.
El les devuelve la sonrisa mientras se cierra la campera.
Está empezando a refrescar en la orilla.
Está en uno de esos días donde no le gusta regresar a su vida.
Que Cocotte no vuelva más.










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jueves, 14 de mayo de 2009

Impresiones D, de decadente

Imagen: Ginebra, Diciembre 2008


Simon pasea por su ciudad sintiéndose ancho de placer de saberse en su lugar.
Camina por una calle comercial, en la que pasa desapercibido, ningún conocido anda por ahí.
Esperando el cruce en una esquina observa una parejita .
Ella de quince, él un poco más.
En la cuadra de enfrente un grupo de banqueros pijos, esperan el cruce támbien.
Los cuatro suman unos doscientos cincuenta mil francos entre zapatos y trajes.
Quieren tener su momento, ser beneficiarios de la atención de ella.
La chica se sonroja y cruza la calle mirando hacia abajo.
El chico no se dio cuenta de nada, demasiado preocupado por ver su reflejo en la vidriera.
A Simon le da asco por la chica. Esos enfermos tienen tres veces su edad.
Esta ciudad a veces le devuelve unas imágenes, que tarda semanas en despegarlas de sus retinas internas.
Se sienta a tomar un café au lait. Mira de reojo la mesa de al lado.
Una rubia de frasco Koleston, da de beber agua de un vaso a su proyecto de perro, con vestido de armani. El perro no, Ella.
En la otra mesa un grupo de hombres de oficina hablan de bonos, tasas y porcentajes .
Volviendo a su casa decide bordear el lago, disfruta viendo los turistas pasear.
En la plage, un grupo de chicas hablan dialecto, sus carteras louis Vuitton desteñidas por el tiempo le recuerda que es Miércoles , tarde de franco para el servicio doméstico.